Durante el segundo semestre en la escuela de enfermería, a un estudiante, su profesor le dio hizo un examen sorpresa. Cuenta este alumno que se consideraba un estudiante consciente y responsable, así que leyó rápidamente todas las preguntas, hasta que llegó a la última: “¿Cuál es el nombre de la mujer que limpia la escuela de enfermería?”. Seguro esto era algún tipo de broma, pensó. Había visto muchas veces a la mujer que limpiaba las instalaciones educativas. Ella era alta, cabello oscuro, como de cincuenta años, pero ¿Cómo iba a saber su nombre? Entregó el examen, dejando la última pregunta en blanco. Antes de que terminara la clase, alguien preguntó al profesor si la última pregunta contaría para la nota del examen. “Absolutamente”, contesto el profesor. “En sus carreras ustedes conocerán a muchas personas. Todas son importantes. Ellos merecen su atención y cuidado, aunque solo les sonrían y digan: “¡Hola!” Nunca olvidó esa lección. También aprendió que su nombre era Dorotea. Todos somos importantes. Una relación importante demanda decidir dejar lo urgente en un segundo lugar y empezar por saludar y conocer el nombre de nuestro prójimo. Esa es la pregunta del examen sorpresa que Dios espera que usted y yo podamos contestar ahora mismo. Cuando llamamos a otros por su nombre demostramos que nos importan y que su existencia tiene propósito.
" Llamar al prójimo por su nombre es el mayor acto de
amor y respeto que podemos tributar a otro ser humano"
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